Categoría: Manejo de las Emociones

Manejo de las Emociones

Y Si no es SER FELIZ, ¿Cuál es el…

Hola mi querid@ leyente
Llevo mucho tiempo buscando un enfoque para darle a este espacio que sea atractivo y diferente. Creo que la luz me ha llegado y quiero compartirla con ustedes, pues aquí quiero plasmar todos mis buenos aprendizajes, para que ustedes puedan decidir no recorrer el tortuoso camino que yo he recorrido.
He vivido 55 años, algo aprendí durante este tiempo, he leído y escuchado a muchas personas que son mi inspiración y que no hacen más que corroborar que mis aprendizajes son ciertos, no los nombraré porque no quisiera dejar alguno por fuera, iré dando créditos en los momentos que recuerde de quién aprendí, pero si no lo hago y alguno quiere involucrarse en este post y decir: “Esto es mio”, lo aceptaré, lo agradeceré y le daré el crédito que se merece, porque por cada uno de ellos siento, justo eso: un inmenso agradecimiento y admiración.
Hoy me dispongo a ser un libro abierto para ustedes. ¡Acompáñenme!
Hace un tiempo una de mis hijas decidió suicidarse, en serio que lo intentó y casi lo logra. La verdad, no sé qué sería de mi vida en este momento si así hubiera sido. Lo cierto es que ella lo hizo, entre otras cosas, porque alguien no la amaba como ella quería. Ese hecho me cuestionó durante años, pero el rio de la vida siguió su cauce y ella hoy es una chica enfocada en lo que quiere, con muchos planes futuro y feliz por lo que tiene y puede tener. Eso me dio una gran tranquilidad.
Años después, mi hija menor, entró en un proceso de tristeza y su psicóloga me dijo: “Está estructurando un suicidio” Eso hace poco y se aunó a dos casos cercanos de chicos jóvenes que si lograron su propósito: “Suicidarse”. Por supuesto, todo esto me tiene absolutamente consternada y haciéndome muchos cuestionamientos que iré compartiendo con ustedes, junto con las conclusiones a las que he llegado y que sé son parte del camino para que muchos menos jóvenes deseen tomar esta decisión: “No pongas tu propósito, intención o proyecto de vida afuera, ponlo dentro de ti”. Suena a frase de cajón, todo el mundo lo dice, muchos autores hablan de eso… ¡SI! Decirlo es muy fácil, hacerlo implica todo lo que iré compartiendo por este medio.
Hoy les dejo solamente esa frase para que de vueltas en tu mente: “No pongas tu propósito, intención o proyecto de vida afuera, ponlo dentro de ti”

 

 

Manejo de las Emociones

EL AMOR

Artículo publicado en el diario «La Antena» el día Lunes 30 de Noviembre de 2009

Hola mis apreciados lectores, hoy tomaré algunos textos del libro “El Arte de Amar” de Erich Fromm parafraseando desde mi experiencia sobre el amor, ese sentimiento indescriptible que, para mi, es la verdadera fuerza que mueve al mundo. Es la esencia de la felicidad verdadera.

El sentirse separado de otros es la fuente de la culpa y la angustia. El amor es una actividad, no un efecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque”. En el sentido más general, puede decirse que amar es fundamentalmente dar, no recibir. Algunos hacen del dar una virtud, en el sentido de un sacrificio de donde emana el dolor. Contrario a ello, en virtud del amor, dar es una fuente inagotable de placer.
Encontramos el ejemplo más elemental en la esfera del sexo. La culminación de la función sexual masculina radica en el acto de dar; el hombre se da a si mismo, da su órgano sexual, a la mujer. En el momento del orgasmo, le da su semen. No puede dejar de darlo si es potente. Si no puede dar, es impotente. El proceso no es diferente en la mujer, si bien más complejo. También ella se da; permite el acceso al núcleo de su feminidad; en el acto de recibir, ella da. Si es incapaz de ese dar, si sólo puede recibir, es frígida. En su caso, el acto de dar vuelve a producirse, no en su función de amante, sino como madre. Ella se da al niño que crece en su interior, le da su leche cuando nace, le da el calor de su cuerpo. No dar le resultaría doloroso. Como el amor materno, en todas las esferas del amor, al dar no podemos dejar de entregarle vida a la otra persona y eso que nace a la vida se refleja a su vez hacia nosotros y no podemos dejar de recibir.
Dar implica hacer de la otra persona un dador y ambas comparten la alegría de lo que han creado. Algo nace en el acto de dar y las dos personas involucradas se sienten agradecidas a la vida que nace para ambas. Eso significa el amor, es un poder que produce placer, felicidad, paz…
Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas del amor. Esos elementos son: cuidado. Responsabilidad, respeto y conocimiento. Que el amor implica cuidado es especialmente evidente en el amor de una madre por su hijo. Ninguna declaración de amor por su parte nos parecería sincera si viéramos que descuida al niño, si deja de alimentarlo, de bañarlo, de proporcionarle bienestar físico. Creemos en su amor si vemos que cuida al niño. Lo mismo ocurre incluso con el amor a los animales y las flores. Si una persona nos dijera que ama las flores y viéramos que se olvida de regarlas, no creeríamos en su “amor” a las flores. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor. La esencia del amor es “trabajar” por algo y “hacer crecer”, el amor y el trabajo son inseparables. Se ama aquello por lo que se trabaja y se trabaja por lo que se ama.
El cuidado y la preocupación implica otro aspecto del amor: el de la responsabilidad. Hoy en día suele usarse ese término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior.
Responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye mi respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano. Ser “responsable” significa estar listo y dispuesto a “responder”. Tal responsabilidad, en el caso de la madre y su hijo, atañe principalmente al cuidado de las necesidades físicas. En el amor entre adultos, a las necesidades espirituales de la otra persona.
La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, el respeto. Respeto no significa temor y sumisa reverencia, denota, de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere = mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca o se desarrolle por si misma, en la forma que le es propia y no para servirme. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, no como un objeto para mi uso. Es obvio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia; si no dependo del ser amado, si puedo caminar sin muletas, sin tener que dominar ni explotar a nadie. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad, nunca de la dominación.
Respetar a una persona sin conocerla, no es posible; el cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. El amor es la única forma de conocimientos, que, en el acto de unión, satisface mi búsqueda. En el acto de amar, de entregarse, en el acto de penetrar en la otra persona, me encuentro a mi mismo, me descubro, nos descubro a ambos, descubro al ser que soy.
La única forma de alcanzar el conocimiento total consiste en el acto de amar; ese acto trasciende el pensamiento, trasciende las palabras. Necesito conocer a la otra persona y a mí mismo objetivamente, para poder ver su realidad, ver su esencia, acompañarlo y sentirme acompañado. Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes. Constituyen un conjunto de actitudes que se encuentran en la persona madura, aquella que desarrolla productivamente sus propios poderes, que sólo desea poseer los que ha ganado con su trabajo, que ha renunciado a los sueños egoístas de gran sabiduría y omnipotencia, que ha adquirido humildad basada en esa fuerza interior que sólo la genuina actividad productiva puede proporcionar. Aquella que ya sabe cual es el camino a la verdadera felicidad

 

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El aprendizaje y la humildad

El primer paso hacia el crecimiento personal y profesional es la apertura al aprendizaje. Me abro a aprender cada día algo nuevo. Aprendo de los otros y aprendo de mi propia experiencia.

El primer paso para abrirme al aprendizaje, es la humildad. La arrogancia es el enemigo número uno del aprendizaje. Para ello, evito responder mis propias preguntas. Hago que de una pregunta surja un sinfín más.

Decir “no se” no me ubica en una posición deshonrosa, todo lo contrario, da la posibilidad al otro de abrirse conmigo y darme algo de sí. De ese modo, ambos nos nutrimos y crecemos.

La inteligencia se desarrolla en la medida en que la alimentamos de conocimientos. Conocimientos que llegan por la teoría, por los sucesos que vemos y, más significativo aún, por nuestras vivencias. La información por sí sola no tiene valor, es necesario procesarla, convertirla en conocimientos y estos conocimientos no sirven de nada si no los aplicamos al hacer.

También, me mantengo en constante búsqueda. No existe meta última, ni objetivo definitivo. Alcanzado algo, sigo en la búsqueda de más. Permanecer en la búsqueda nos aleja del aburrimiento, del hastío, nos libera del cansancio. Estar en la búsqueda no aviva la capacidad de asombro y nos lleva a descubrir conocimientos nuevos acerca de nuestro entorno, del mundo y de nosotros mismos.

Cada día adquiero conocimientos significativos para potenciar mi mente y desarrollar mi inteligencia, para esto soy humilde, reconozco lo que soy y me abro a recibir el conocimiento del otro.

Cada amanecer me levanto agradeciendo mi existencia, en la búsqueda de algo nuevo, que con seguridad llegará, para impulsarme en el crecimiento de mí ser.

Manejo de las Emociones

Cuando un huevo se rompe…

Cuando un huevo se rompe de afuera hacia adentro, la vida termina, cuando se rompe de adentro hacia afuera la vida comienza. Un huevo siempre se crea de adentro hacia afuera y casi de inmediato, cuando esa primera célula se forma, también se forma una membrana protectora que posteriormente se convertirá en una dura cáscara que protegerá su interior. Esa cáscara nunca es transparente, jamás deja ver lo que hay dentro hasta que la vida que germina allí, desarrolla la fuerza suficiente para romperla.

Así somos los seres humanos, andamos por la vida envueltos en una dura cáscara que nos protege y no deja ver nuestro interior. Nos protege de quedar al desnudo frente a los otros y también evita que nos veamos cómo somos realmente. Cuando adquirimos la fuerza para romper esa dura concha y ver de qué estamos hechos, nuestra vida germina, fluye y nos hace dueños de un universo de posibilidades.

Contamos con Cualidades que ni siquiera reconocemos en nosotros mismos. Andamos por la vida haciendo lo que creemos correcto sin saber qué es lo que mejor hacemos y enfocamos nuestra Intención hacia el lado equivocado. Nos hacemos ciegos a nuestros Retos y los bordeamos sin juntar el valor para superarlos. Ignoramos nuestras Oportunidades y dejamos pasar la vida sin capitalizarlas para apoyarnos en ellas y vivir plenamente felices.

¿Qué tal si reflexionas un poco en esto y te llenas de valor para romper la cáscara que te has impuesto en la vida? Escudriñar en tu interior para encontrar la fuerza necesaria y romper todo aquello que te limita te permitirá vivir de un modo distinto, te convertirá en una persona libre y segura, capaz de lograr todo aquello que quieras.

Para eso se ha creado CIRO, para tocar tu interior y permitirte lograr un grado de conciencia tal que podrás surgir desde tu interior y vivir plenamente.

 

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